Almagro, Boedo y Parque Patricios: los barrios que miran los desarrolladores

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Almagro, Boedo y Parque Patricios: los barrios que miran los desarrolladores

Con tierra escasa y precios altos en barrios consolidados, los desarrolladores buscan zonas con conectividad, servicios y valores todavía más accesibles.

La búsqueda de tierra ya no se concentra solo en los barrios obvios.

Durante años, Palermo, Belgrano y Núñez fueron los grandes focos de inversión inmobiliaria. Pero la falta de terrenos, los altos valores de entrada y la presión sobre los márgenes empujan a muchos desarrolladores a mirar zonas con más recorrido.

La construcción bajó fuertemente en la Ciudad. Se pasó de unos 2,5 millones de m² aprobados hace algunos años a cerca de 700.000 m², alrededor de un tercio. Esa caída refleja una ecuación difícil: los costos subieron más rápido que los precios de venta y muchos proyectos dejaron de cerrar.

En ese escenario, aparecen los barrios que algunos desarrolladores definen como de “segunda marca”: zonas que no tienen todavía el precio ni la fama de las más consolidadas, pero sí cuentan con transporte, comercios, colegios, gastronomía y vida urbana.

Dentro de ese mapa aparecen Almagro y Boedo, con buena infraestructura, conectividad y tradición barrial, pero todavía con margen para sumar propuestas de valor. Son barrios con demanda real, ubicación central y precios más accesibles que zonas premium.

También se mencionan Parque Patricios, La Boca, Montserrat y San Nicolás como zonas con mayor potencial de rentabilidad. En algunos casos, el atractivo está en la cercanía al centro; en otros, en la reconversión urbana o en la posibilidad de entrar con tierra más barata.

La lógica es clara: cuando construir en zonas caras deja poco margen, el desarrollador empieza a buscar barrios donde el precio de venta pueda crecer y donde el costo de entrada sea más razonable.

El producto también importa. Los monoambientes y dos ambientes con amenities concentran demanda porque ofrecen tickets más accesibles para quienes quieren salir del alquiler y comprar su primera vivienda.

Para inversores, estos productos pueden ser atractivos porque combinan menor ticket, posibilidad de renta y mayor liquidez. Pero la ubicación sigue siendo determinante: no alcanza con construir barato si la zona no tiene demanda sostenida.

La oportunidad está en anticiparse. Muchas zonas que hoy parecen secundarias pueden consolidarse si suman transporte, comercios, gastronomía, edificios nuevos y mejor espacio público.

Sin embargo, también hay riesgo. No todos los barrios en transición terminan valorizándose al mismo ritmo. El desarrollador debe leer bien la demanda, la normativa, la absorción y el perfil del comprador.

👉 Lectura clave: el nuevo mapa inmobiliario se mueve hacia barrios con infraestructura, conectividad y precios con recorrido. La oportunidad no siempre está donde ya todos quieren estar, sino donde la demanda puede llegar después.

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