Restos de vid y hongos: el invento mendocino que puede cambiar la construcción
Investigadores desarrollan paneles a partir de micelio y residuos de poda vitivinícola, con potencial para aislación térmica y acústica de menor impacto ambiental.
Mendoza puede convertir un residuo vitivinícola en un material de construcción.
El desarrollo parte de restos de poda de vid y micelio, la parte vegetativa de los hongos. Cuando el micelio crece sobre la biomasa, forma una red de filamentos que une el sustrato y genera una estructura compacta.
La comparación es simple: el micelio funciona como un ligante natural, parecido a un engrudo, que permite formar bloques o paneles sin recurrir a adhesivos sintéticos tradicionales.
El proyecto es especialmente interesante porque conecta dos actividades muy fuertes para Mendoza: la vitivinicultura y la construcción.
Cada temporada, la poda de vid genera una gran cantidad de residuos. Parte de ese material puede tener otros usos, pero otra parte suele descartarse o subaprovecharse.
La posibilidad de transformarlo en paneles o bloques abre una lógica de economía circular: lo que antes era residuo agrícola puede convertirse en insumo constructivo.
El objetivo es crear biomateriales con aplicaciones en construcción, especialmente como aislantes. Los productos tradicionales —telgopor, poliuretano, lana de vidrio o lana de roca— cumplen funciones clave, pero suelen provenir de recursos no renovables o procesos industriales intensivos.
El micelio, en cambio, permite trabajar con materia orgánica, bajo peso y potencial de bajo impacto ambiental. Además, puede ofrecer propiedades de aislación térmica y acústica, dos atributos cada vez más importantes en viviendas y edificios eficientes.
Según los primeros ensayos, los prototipos lograron comportamientos competitivos tanto en aislación térmica como en absorción acústica. Con pequeños ajustes de espesor, podrían acercarse al rendimiento de materiales tradicionales.
Todavía faltan pruebas críticas. El equipo trabaja en ensayos de humedad, resistencia, durabilidad e inflamabilidad, indispensables antes de pensar en una transferencia real a la industria.
Ese punto es central: una innovación sustentable no alcanza con ser prometedora. Para llegar a obra, debe cumplir normas, resistir condiciones de uso, ser segura, producirse a escala y tener costos competitivos.
Si logra superar esa etapa, el desarrollo puede ofrecer una alternativa especialmente interesante para regiones vitivinícolas, donde el insumo está disponible localmente.
También podría reducir la huella de transporte, ya que el residuo y la producción podrían concentrarse cerca de los lugares de uso.
👉 Lectura clave: los biomateriales pueden unir dos cadenas productivas: agroindustria y construcción. Si superan los ensayos técnicos, podrían transformar residuos locales en soluciones de eficiencia energética.